¿Qué fue de aquella Izquierda formidable de los años 70 que en Chile conquistó el Gobierno de la Unidad Popular encabezado por el Presidente Salvador Allende? ¿Cuál y cómo es la Izquierda hoy en el país del extremo sur de América?
Cualquier respuesta seria debe partir del hecho que esa Izquierda fue física e ideológicamente golpeada con máxima brutalidad desde el golpe militar de septiembre del 73 y por durante casi 2 décadas. ¿Fue una derrota definitiva o fue sólo un duro golpe que, sin pretenderlo, decantó las posiciones diversas que convivían al interior de la Unidad Popular y dejó al desnudo la verdadera esencia y naturaleza de cada sector?
Algunos se quebraron e inclinaron su cabeza, si no a la dictadura al menos a su obra maestra : el modelo socio económico neo liberal impuesto a sangre y fuego. Otros en cambio se reorganizaron en clandestinidad, resistieron, y aunque malheridos y excluidos levantaron de nuevo las banderas de la democracia y el socialismo.
La unidad que por razones de sobrevivencia mantuvieron las fuerzas democráticas en el interior no siempre la tuvieron los sectores que, en el largo exilio, fueron asumiendo en mayor o menor medida las posiciones y la influencia de las fuerzas políticas de cada país de acogida comprometidas en la solidaridad con el pueblo chileno.
Y así pues mientras la permanencia de muchos años en la vieja Europa y particularmente en Italia, Francia y España, morigeró en general a los exiliados la Izquierda chilena, cambió su lenguaje y, bajo la consigna de la “renovación”, les llevó a renegar de cuestiones de principio, el exilio chileno en los países del entonces existente “campo socialista” y, sobre todo los exiliados en los diversos países de América Latina, por razones obvias de influencia del medio, reafirmaron sus convicciones acerca de la necesidad histórica del cambio social y su categórico rechazo al neo liberalismo.
En el interior del país la resistencia a la dictadura, la movilización social creciente y la rearticulación orgánica de los partidos de Izquierda, se expresó con una fuerza mayor a partir de los años 80 en que las protestas callejeras sumaron a decenas de miles de chilenos.
Referentes como el Movimiento Democrático Popular, MDP, y otras alianzas políticas y sociales amplias, que tuvieron como eje la alianza histórica de socialistas y comunistas, fueron dando forma a una alternativa rupturista de carácter democrático popular que puso en jaque al régimen de Pinochet. Un papel importantísimo le cupo a la solidaridad internacional con la lucha antifascista del pueblo chileno que alcanzó niveles sólo comparables a experiencias históricas como la solidaridad con los republicanos españoles en su lucha contra el nazi franquismo, o, más tarde, con el pueblo y gobierno de Viet Nam en su exitosa epopeya antiimperialista.
El surgimiento de un destacamento armado de los comunistas chilenos como fue el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que realizó operativos espectaculares de propaganda armada, ajusticiamiento de verdugos, protección a la lucha callejera y hasta un atentado contra el dictador, ganándose además la simpatía de las masas, constituyó un valioso respaldo a los combates por la democracia y perfiló todavía de modo más claro la posibilidad real de que a la derrota de la dictadura le siguiera un gobierno popular.
Fue entonces que el gobierno norteamericano, es decir los mismos que habían promovido el golpe del 73 a favor de los intereses de las transnacionales, y que ahora advertían el riesgo de una salida rupturista, decidieron intervenir nuevamente en la política chilena. Esta vez para impedir una victoria de las fuerzas más consecuentemente democráticas.
Desde su embajada en Santiago, el imperio promovió reuniones, encuentros, apoyó materialmente a los sectores más anticomunistas de la oposición a Pinochet hasta que logró quebrar alianzas y agrupaciones antifascistas poderosas como la llamada Asamblea de la Civilidad, al propio MDP y abrió paso a nuevas formas de alianza opositora a Pinochet cuyos elementos esenciales fueron impuestos por Washington.
Las condiciones básicas del apoyo imperialista fueron : a) la salida debe ser negociada con la propia dictadura, en los marcos de la Constitución del 80 que Pinochet había impuesto por la fuerza, y b) en esa salida el Partido Comunista de Chile debe estar excluido definitivamente.
Esto es lo que explica el carácter de la transición chilena a la democracia que ya tarda 20 años, más de lo que duró la dictadura. Una transición negociada con las Fuerzas Armadas y la Derecha chilena y encabezada por los sectores confiables al gobierno norteamericano.
Esos sectores son la Democracia Cristiana, un disminuido Partido Radical y un Partido Socialista “aggiornado”, que poco o nada tiene que ver con el Partido Socialista de Salvador Allende. A ellos se sumó un partido instrumental, sin ideología ni principios definidos, llamado Partido por la Democracia, PPD, que surgió de los sectores disconformes del Partido Radical y el Socialista y que también recogió a sectores pequeño burgueses del Partido Comunista que declinaron tempranamente de una propuesta alternativa rupturista y popular que no aceptaba la negociación con el dictador.
El plebiscito por el NO de finales de los 80 fue sin duda una jornada muy importante en el término de la dictadura, pero no debe olvidarse que a esas alturas ya la negociación con la dictadura había dado pasos avanzados.
Tanto que a poco andar nacía la llamada Concertación de partidos por la Democracia, que excluye al Partido Comunista y que, con los presidentes Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, gobierna hasta nuestros días.
Los gobiernos de la Concertación, salvo cambios menores, han mantenido tanto la Constitución autoritaria y excluyente de Pinochet y el modelo económico neo liberal que impuso la dictadura.
Se ha mantenido y profundizado la política privatizadora a favor del gran capital chileno y extranjero en áreas tan esenciales como la previsión social, la salud, la educación, el transporte, las aguas, las comunicaciones, la energía, y, de algún modo, hasta el mismo Cobre, relegando el papel del Estado en la economía a un buen recuerdo.
Es lo que explica la existencia en Chile de una oposición de Izquierda que, bajo diversas formas orgánicas, ha encabezado durante todos estos años el Partido Comunista al que se han sumado la Izquierda Cristiana y el Partido Humanista, este último que formó inicialmente parte de la Concertación. Son los que hoy constituyen el bloque político denominado Juntos Podemos Más. Son los sectores que no tranzaron y que optaron por la movilización social de los diversos sectores del pueblo como camino para profundizar la democracia y levantar una alternativa al neo liberalismo.
Son organizaciones que en conjunto logran alrededor del 10% en las elecciones pero que representan una fuerza muchísimo mayor por su indiscutida influencia en la lucha de masas en los frentes sindicales de la clase obrera, de los profesores, de los estudiantes, de los trabajadores de la administración del Estado y en el área de la cultura. De ese aproximado 10%, el PC representa a lo menos el 7%.
Los fenómenos más importante del presente año has sido el crecimiento de la Izquierda y del descontento social, sin duda ambos influídos además por los síntomas que empiezan recién a experimentarse en Chile de la crisis económica y financiera global.
Expresiones concretas de lo que afirmamos son , entre otros ejemplos, la movilización de los trabajadores forestales, de los trabajadores del Cobre, de los profesores, de los estudiantes, de los pescadores, de los deudores habitacionales, de los cesantes, de los campesinos y hasta de los gendarmes de las prisiones, etc.
En el plano político lo más relevante ha sido la Asamblea Nacional de la Izquierda celebrada recientemente y que congregó a más de 2 mil delegados de base de todo el país que durante 2 días discutieron el nuevo Programa de la Izquierda para las elecciones presidenciales de fines de este año. El notable encuentro, caracterizado por una participación efectiva y entusiasta de los delegados, culminó con un acto de masas de gran envergadura en el histórico teatro “Caupolicán” de calle San Diego, en que se proclamó como candidato único de la Izquierda al ex Ministro del Presidente Allende, Jorge Arrate.
Miembro renunciado hace meses de la Dirección del Partido Socialista, Arrate es abogado y economista y su presencia atrae a un vasto sector del PS, denominado “Socialismo Allendista”. Esta circunstancia no es menor si se tiene en cuenta que significa el comienzo del reencuentro de dos fuerzas que en el pasado abrieron paso al movimiento popular : la unidad socialista – comunista ; un hecho que fue excepcional en la política internacional del pasado y que hoy parece remontar en nuestro país.
Un expresión contundente de lo que afirmamos, fue la presencia de numerosos militantes del “Socialismo Allendista” en la Asamblea Nacional de la Izquierda y en el acto de proclamación presidencial.
Por cierto no todo transcurre de modo lineal y tranquilo. La política chilena de estos últimos meses está muy agitada. Hay fisuras en la Alianza por Chile (la Derecha) por cuanto algunos personeros de la UDI siguen amenazando con levantar candidato propio y restar su apoyo al multimillonario empresario Sebastián Pileñera de Renovación Nacional.
Quiebres mayores se presentan al interior de la Concertación que gobierna puesto que el joven diputado socialista, Marco Enríquez – Ominami Gumucio, hijo biológico del fundador del MIR, Miguel Enríquez, e hijo adoptivo del senador del PS Carlos Ominami, al no ser aceptado en las primarias, en donde fue proclamado Frei como candidato de la colación gobernante, decidió presentarse como independiente. Anuncia su renuncia al PS y en las encuestas se empina como promedio en un 10%.
Aparece como un rebelde, díscolo, atrayente a la juventud, aun cuando su programa no es suficientemente claro.
Por ejemplo, anunció la privatización parcial de las empresas del Estado, lo que luego desmintió. Elo le valió ser tildado por el PS como “derechista” y le restó algunos apoyos. Tal vez se deba a su inexperiencia y a la diferencias ideológicas y políticas que existe entre quienes están tras él.
Por otra parte, el senador del PS Alejandro Navarro, y su grupo el MAS, corren también a las presidenciales por su cuenta, por fuera de la Concertación., aunque hasta ahora, al igual que Enriquez - Ominami siguen siendo oficialmente parte de esa agrupación de gobierno.
Estas candidaturas paralelas , que aparecen como más progresistas y cercanas a la Izquierda, sin duda que dañan principalmente las aspiraciones de Frei por lo que la Derecha los estimula a través de los medios de comunicación que controla. Estos meses han sido el boom de Enriquez – Ominami, como antes lo fue de Navarro.
No es el único dolor de cabeza para Frei y la alianza que gobierna, puesto que hace meses fue expulsado de la Democracia Cristiana el senador Adolfo Zaldívar que pasó a crear su propio partido, que se nutre de demócratacristianos descontentos, y ha levantado a su vez su propia candidatura presidencial.
Así las cosas, no puede descartarse un triunfo de la Derecha, con Piñera, en segunda vuelta presidencial.
A su vez, en la propia Izquierda surgen nubarrones. Como es sabido, a fin de romper con la excusión política, el Juntos Podemos Más llegó a acuerdos con la Concertación para que, sin perjuicio de sus candidaturas presidenciales separadas, puedan ir juntos a las elecciones parlamentarias de la misma fecha, al menos en algunos distritos. Alcanzado un acuerdo general, éste no fue de gusto de los Humanistas que han anunciado su retiro de esas conversaciones y harán un pacto con Enriquez – Ominami y Navarro para las candidaturas parlamentarias, aunque, aseguran, siempre están con Arrate.
En Chile pues todo está por verse.
Sin embargo, hay algo fuera de discusión. La única fuerza que, en medio de las dificultades propias de la política de nuestro tiempo.esta en pleno aumento es la Izquierda. No es probable que triunfe el candidato Jorge Arrate en las elecciones de este año, pero no hay duda que su campaña será una enorme contribución a la reunificación de la Izquierda de toda la vida.
Si además la Izquierda logra elegir parlamentarios, este proceso se verá fortalecido. Como sea y más allá incluso de lo que suceda en las elecciones presidenciales y parlamentarias, queda en claro que el movimiento popular chileno se despliega con renovado impulso y que las fuerzas de Izquierda que siguen en la perspectiva del Socialismo, sean o no las mismas que integraron la Unidad Popular en los 70, han dejado hace rato de ser meramente testimoniales para transformarse en actores reales del cuadro político nacional.
Abogado de DDHH, periodista, escritor
Ex parlamentario de la Unidad Popular


